Aunque la oposicion, ( La Libertad Avanza), no superó los 1.500 votos en Ingeniero Juárez, el verdadero conflicto no vino desde afuera. La grieta se abrió puertas adentro del propio oficialismo. Y cuando las disputas internas se convierten en abusos, desequilibrios y maniobras que tensionan la institucionalidad, la política deja de ser herramienta de construcción para transformarse en un campo de batalla.
Dos sectores, ambos leales al mismo Gobierno Provincial, quedaron enfrentados desde el día posterior a la asunción de los concejales del PJ. El Concejo Deliberante, integrado por cuatro ediles justicialistas, terminó dividido. Tres de ellos, —Walter Albornoz, Hugo Salinas y Luis Duarte— conformaron el bloque “Unidad”. La concejal María Nacif, que responde políticamente al intendente Rafael Nacif, quedó con un bloque unipersonal.
El bloque “Unidad” esta dirigido por el presidente del Partido Justicialista local, ex interventor del PAMI y actual director del hospital de mayor complejidad de la región. Y aunque faltan más de quince meses para la próxima elección de intendente, el clima ya es de campaña. Pero no de propuestas: de posicionamiento y presión.
En al menos dos sesiones recientes, el bloque mayoritario impuso su número. Se realizaron encuentros a puertas cerradas —algo que la ley no permite— con presencia de personas ajenas al cuerpo deliberativo. En el último caso, la sesión se habría realizado en la oficina del director del Hospital local, sin convocatoria pública ni aviso formal. El presidente del Concejo es Walter Albornoz; el vicepresidente, Luis Duarte, hombre del espacio que conduce José Fernández.
A esto se suma una asimetría salarial que genera interrogantes. Mientras el bloque “Unidad” no responde pedidos de informes ni desmiente que entre sueldos y cupos de asesores se superen los doce millones, el bloque de la concejal Nacif ronda los dos millones, que son donados al pueblo. La diferencia no es menor. Y el silencio tampoco.
Una vez más la tiranía del número prevalecíó, con el agravante de no respetar la voluntad popular y discriminando al género femenino.
Las presiones no quedarían solo en el plano institucional. Seguimiento en redes sociales, exigencia de asistencia a actos y advertencias para no participar en actividades organizadas por el otro sector forman parte de un clima que erosiona la convivencia democrática.
La política no puede ser un sistema de obediencia ciega. Mucho menos cuando hay problemas sociales que requieren trabajo conjunto y sensibilidad humana. Las diferencias internas no pueden estar por encima de la vida de la gente.
Mientras en todo el país se preparan las aperturas de sesiones ordinarias —en el Congreso de la Nación, en las legislaturas provinciales y en los concejos deliberantes— en Ingeniero Juárez no hubo convocatoria formal para el primero de marzo. La institucionalidad parece quedar en pausa mientras la disputa interna se profundiza.
En un contexto nacional donde algunos sectores hablan de intervención federal y cuestionan el respeto a la Constitución, en el oeste provincial el espectáculo que se ofrece es el de una interna feroz entre quienes no pudieron ganar la intendencia con los votos y hoy intentan disputar el poder por otras vías.
La oposición, mientras tanto, solo observa. No necesita hacer demasiado. Cuando el oficialismo se fractura y convierte la gestión en un ring, la ciudadanía pierde y la democracia se debilita.
Ingeniero Juárez no puede convertirse en tierra de nadie. La política debe recuperar su sentido: servir, ordenar, construir y cuidar. Porque cuando el poder se usa para disciplinar y no para gobernar, el barro termina salpicando a todos.
Liliana Dorrego - Comunicadora Social Especializada en Comunicación Política